Ha pasado un mes desde que publiqué mi última entrada. Demasiado tiempo, pero mis motivos tengo. He estado muy atareado y sigo estándolo, en plenos exámenes, pero bueno, hago el esfuerzo de publicar algo, aunque sepa que poca gente lo leerá, menos es nada.
¿Qué es lo bueno? ¿qué es lo justo? ¿Somos altruistas o egoístas por naturaleza? Son cuestiones que preocupan y han preocupado desde siempre a la ética. Como veis, esta vez me pongo un poco filósofo. ¿Es malo creer sólo en uno mismo y no en nada más? ¿Es de fuertes o es de débiles? Construir la propia vida, ¿es propio de aquellos sujetos autónomos? o, por el contrario ¿es muestra de debilidad por no saber asumir que está todo ya fijado?
Son preguntas a las que no tengo respuesta, todavía. Desde luego una cosa tengo clara, en cualquier caso, lo importante, es la determinación. Determinación que ayuda y es elemento clave para poder llevar a cabo cualquier proyecto, sea justo, injusto, bueno, malo, autónomo o guiado por otros.
Y es la determinación, como corolario de lo anterior, capacidad fundamental, necesaria (pero ojo, no suficiente) para poder aspirar a dirigir un Estado. Sin embargo, la determinación no es sino un elemento general que se puede aplicar a muchos casos, saberes y ámbitos. Pero hay que adaptarlo a cada uno, no es lo mismo la determinación del estudiante que la determinación del banquero. Y por tanto, la determinación del político es particular.
¿Por qué saco esto a colación? Muy sencillo. Nos encontramos en este país ante una encrucijada difícil. La sociedad civil como ámbito independiente de la sociedad política (en el sentido de élite política) y económica (como lo anterior) se ha fracturado aún más de lo que estaba con tres corrientes fundamentales: la de los fieles al neoliberalismo, que han arrollado, y parece que arrollarán; la de los fieles a la socialdemocracia, que se ha reducido (y con razón) por la crisis económica en su conjunto; y por último la de los "indignados". Entre ellos hay, por supuesto, muchos individuos que fluctúan, además de otros grupos más minoritarios que abogan por otro tipo de políticas y de formas de gobierno.
Esta encrucijada, nos va a llevar, a no ser que ocurra un giro brusco de los acontecimientos (lo cual espero, no voy a ocultarlo), a que aquellos que portan como estandarte la ideología y sistema económico que generó la crisis, se hagan con todo el poder. Es muy peligroso, dado que su líder, no tiene la determinación del político.
La determinación del político es la determinación de anteponer los intereses de Estado a los propios, la de trabajar por ganarse su puesto y no la de esperar a que los errores de otros le lleven en volandas a él, la de quien conecta con el ciudadano y no la de no salir nunca del despacho, la de, en fin, ser en esencia, el político, un verdadero representante y no un mero muñeco al servicio de intereses más elevados.
A partir de aquí, sí, es necesaria la reforma de la LOREG, como piden los "indignados", pues no es justa. Pero lo que no se puede pedir es que se establezca una circunscripción única para las cámaras a nivel nacional. El motivo es evidente: eso solo dinamita aún más la relación del político con el ciudadano. Las listas abiertas no les veo mucho sentido, ya existen en el senado, y los resultados son, salvo sonadas sorpresas, iguales que las del congreso, con listas cerradas. Con lo cual no creo que significara un gran cambio. Parece que he hecho un cambio de tema muy radical, de repente y sin avisar. Bueno, está conectado con lo de la sociedad civil y lo de la determinación del político ¿no?.
Tras este párrafo en el que me he salido un poco de lo que estaba hablando, retomo el hilo. Sin la determinación, un político no podrá ser un buen político, y por tanto, un buen gobernante para el país. Los hechos indican, por el momento, que este país va a tener otro mal gobernante. ¿Qué hemos hecho los españoles para merecernos esto? No actuar, no implicarnos y no ser activos en la vida política. Una mayor participación desde hace mucho tiempo, desde el momento en el que la sociedad civil se despolitizó (me estremezco cuando veo aquellos mítines de los 80, eso era una sociedad civil politizada y movilizada), en el que comenzó esta deriva en la que nos encontramos ahora y de la que, por qué no, puede que salgamos, si lo del movimiento 15 M no queda en el olvido, hubiera cambiado el rumbo de los acontecimientos sin ninguna duda. El problema está en que la sociedad civil se adormeció pensó que todo daba igual, dejó de pensar por si misma y, entonces, empezó a gestarse lo que hoy se critica.
No voy a ser quien defienda el movimiento 15 M, creo que se han hecho muchas cosas mal, sin embargo, otros muchos de sus contenidos son muy positivos. Y sin duda lo más positivo es precisamente lo que dije anteriormente, que la gente se movilice, es muy importante y me alegra mucho que así sea, aunque no comulgue en todo lo que se propone.
En definitiva, que ojo con lo que hagamos todos, pues puede que lo próximo por lo que nos conozcan en el mundo no sea por ganar un campeonato mundial de fútbol, sino por las perlas de él del ¡Viva el vino!