Muy buenas a todos, amigas, amigos y demás lectores.
Lo primero que conviene resaltar es el por qué y el alcance que pretende tener este blog.
Bien, prefiero empezar por el alcance, que es algo más corto. Éste será, todo el que pueda tener, está abierto a todas las personas que deseen participar en las discusiones, en los temas propuestos, etc. Porque este blog pretende ser un espacio plural, en el que todos y todas puedan aportar su opinión para construir la idea sobre la que se hable.
El por qué de la cuestión es complejo. Responde en primer lugar a lo que veo en general, y esto es que, en general, parece que se está produciendo, en prácticamente todos los rangos de edad, una desafección por lo público. Y no sólo eso, sino por lo humanístico. Las humanidades se están viendo desplazadas, cada vez más, por un pensamiento mucho más orientado, únicamente a lo práctico. A lo práctico en tanto que orientado al mercado de trabajo. Claro, ésto repercute en la educación.
La idea de ésto es abrir un foro de discusión y reflexión. Quiero expresar mis opiniones y creencias acerca de la actualidad política y también algo más: lo filosófico y también, ¿por qué no? Lo científico. De vez en cuando podré postear algo sobre música o cine o lo que me parezca oportuno. Por supuesto también, debido al carácter abierto de este blog, los lectores podréis proponer temas y hablaremos y discutiremos sobre ello.
El segundo paso (aunque podría haber sido el primero, todo sea dicho) es presentarme. Para los que me conocéis, esta parte sobra, para los que no, ahí va: Me llamo Alejandro (muchos me llaman Álex) y soy un chico de reciente mayoría de edad. Vivo en Zaratán, un pueblo en el alfoz de Valladolid, muy cercano a la capital. Estudio el Grado en filosofía en la UVa y mi interés fundamental es éste y la política. Creo en la necesidad de implicación de los ciudadanos en la vida pública en tanto que ésta nos afecta a todos directamente y me defino como una persona de izquierdas, progresista y muy, muy activa.
El tercero y último, va a ser, como no podía ser de otra manera, estrenar el blog con un tema muy actual: la laicidad de los Estados.
Me resulta interesante este tema, primero por la peculiar situación que se vive en nuestro Estado y segundo por su actualidad: la nueva ley que prohíbe el niqab y el burka en cualquier lugar público en Francia. De este modo lo enfocaré desde la perspectiva de este último hecho.
Se dice que la prohibición del niqab y del burka es un ataque contra la libertad religiosa. Yo no lo tengo tan claro. Primero habría que partir del hecho de que los lugares públicos (y por tanto, de todos) deben estar, por completo, libres de cualquier influencia religiosa, sea ésta en forma de ejercicio individual, de ejercicio colectivo, o mediante los símbolos instalados.
En Francia además se ha aducido como motivo el hecho de que estas prendas constituyen una barrera a la hora de identificar a la mujer que las viste y por tanto un elemento generador de inseguridad. Pero ésto sería adentrarse en otra dimensión que ahora mismo no me interesa, pues se sale ya del tema específico: la laicidad en los lugares públicos.
Y es que si, efectivamente, tomamos como punto de partida lo anteriormente dicho, entonces las exhibiciones de crucifijos, estampitas, los hábitos de las monjas católicas, la kipá y el talit judíos, en fín, cualquier muestra de religión debería ser abolida.
Se habla de atentado a la libertad individual, y es posible que así sea. Lo que quiero mostrar con ésto no es una postura a favor de este tipo de prohibiciones, ni mucho menos. En mi opinión, cada uno ha de ser libre de vestir lo que deseé, siempre y cuando ésta sea una decisión autónoma del sujeto y nunca impuesta por ningún agente externo, sea del tipo que sea, y responda a la autoridad que responda (divina, familiar...).
Otra cuestión es ya la conveniencia o no en un estado laico de manifestaciones religiosas públicas como pueden ser las procesiones (ahora que llega la, por mi aborrecida, Semana Santa), las misas públicas y otro tipo de actos en lugares comunes tanto a creyentes de cualquier religión como a ateos y agnósticos. No creo que debiera ser así, puesto que el uso de lugares públicos para celebraciones de índole exclusivamente religiosa atenta precisamente contra la libertad de aquellos que no comparten ni profieren dicha religión.
Es curioso un caso como el de Suiza, en relación con ésto. Se habló de islamofobia cuando hace unos meses se aprobó allí en referéndum que no se podían construir minaretes en el territorio. Pero lo que no se dijo entonces, es que se llevan aprobando desde hace años, y cada vez con más frecuencia, leyes (sometidas, además, a referéndum) para que las iglesias católicas y protestantes no puedan (del mismo modo que se haría desde los minaretes) llamar a su oración (es decir, a misa) por medio de campanas, puesto que ésto puede (y de hecho así ocurre) molestar al resto de ciudadanos y ciudadanas.
Todo ésto nos lleva al tema particular de nuestro estado: ¿por qué en un estado aconfesional se prima a una religión en concreto, la católica? Ésta fue la pregunta que le hice a Don Gregorio Peces-Barba en una conferencia que impartió acerca de la Constitución del 78 en la facultad de Derecho de la UVa. Su respuesta espontánea fue eso, lo más espontánea que pudo haber sido: "Yo tampoco lo sé" (entre risas). Ya entrando en materia, simplemente me dijo que el compromiso que había adquirido la Iglesia Católica de auto-financiación no había sido cumplido, y que por tanto el estado seguía (y seguirá) cubriendo ésta parte (la friolera de 6000 millones de euros, si no me equivoco) de su financiación.
Y yo me pregunto ¿qué culpa de esto tenemos los ciudadanos de a pie? Porque ese dinero no sale precisamente de la X en la declaración de la renta (que por cierto, soy partidario de eliminar) sino que corre a cargo de los Presupuestos Generales del Estado. Es cuanto menos esperpéntico. Más aún cuando ésto se fundamenta en una ley y concordato preconstitucional.
No diré más, ahora, os dejo a vosotros que opinéis (si queréis) acerca de ello. Sed bienvenidos. Muy buenas noches y tened un buen despertar mañana.